Esta frase de Sir George Bernard Shaw ilustra de maravilla la aplicación práctica de la ciencia estadística. Es útil, pero la mala práxis puede convertir un estudio estadístico en la más inutil de las mierdas. Lo vemos, lo oímos a diario. Vivimos en una época de plena efervescencia estadística. Los medios abusan de las encuestas, las escalas y los sondeos con el objetivo de vender una imagen lo más objetiva y analítica posible. Pero la realidad es otra. Y aquí si que no hay margen para el error.
El uso indiscriminado de los elementos de análisis estadístico no hacen más que atentar directamente contra la concepción de esta ciencia como descriptiva, valiosa y radicalmente importante. Algo similar a lo que ocurrió con los test psicológicos en los Estados Unidos en los años 30 del siglo XX. Tras un comienzo fulgurante, propiciado por la naturaleza innovadora y clasificadora de las pruebas, el abuso de las mismas por parte de los «profesionales», acabó por generar en la poblacón un sentimiento de indefensión y rechazo hacia ellos. Ya nadie quería ser clasificado de una manera tan estructurada y artificial. Y de esta manera, la poderosa utilidad teórica de las pruebas psicológicas fue en gran medida desaprovechada debido a su sobre-explotación.
En estos tiempos de agitación política, las encuestas y los sondeos son potentes armas informativas, manipulativas, representativas y desorientativas. El resultado de una encuesta, que se nos vende como pulcro, quirúrgico, exacto, esta completamente mediatizado por una vasta cantidad de variables que el investigador de turno puede manejar a su antojo. Y esto es de cajón. No es nada difícil encontrar encuestas de fechas idénticas sobre sectores de poblacion teóricamente iguales con diferentes resultados. Basta con ojear una mañana un par de periódicos.
Es cuestión de tiempo, si no ha ocurrido ya, que el grueso de la población dé la espalda a la estadística y a su significación real. Lo cual sería poco menos que una tragedia. Una sociedad entera rechazando los preceptos de una disciplina tan útil para analizar los distintos estratos de que esta compuesta resultaría sin duda desastroso. Por tanto, conviene recordar dos cosas: la primera, no hay que creerse las encuestas así, sin más, sino que hay que rebuscar un poquito en busca de su estructura y propósito. Y la segunda, la mala práxis no es excusa para rechazar el valor de la ciencia estadística. No sólo el hábito hace al monje, tambien el monje hace al hábito.