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El ejemplo de Houtouwan – cuando la naturaleza reclama lo que es suyo

Houtouwan es un antiguo poblado de pescadores situado en la cara norte de la isla de Shengshan, una de las 400 islas que conforman el archipiélago Shengsi, situado a unos 60 km al este de Shanghái, la ciudad más poblada del país más poblado del mundo, China.

El pueblo fue, durante buena parte del siglo pasado, una próspera y vibrante comunidad, y el hogar de una prolífera colonia de alrededor de unos 2000 pescadores que ejercían su labor en las costas de la isla. Todo esto cambió a principios de la década de los 90, cuando, incapaces ya de intentar siquiera competir con el megamercado de la vecina megalópolis asiática, la práctica totalidad de los habitantes del poblado se vieron obligados a emigrar a Shanghái en busca de un futuro mejor.

Pero lo especial de este enclave, más allá de los motivos que dieron con su abandono (imposibilidad para crear un entorno educativo y académico adecuado para los niños de la región, o problemas para el abastecimiento de bienes y alimentos al pueblo, además de la mencionada crisis originada por la cada vez más aguda escasez de empleo), es la manera en que la naturaleza ha reclamado el lugar para sí misma en poco más de dos décadas.

A continuación compartimos algunas fotos de este pueblo, Houtouwan, que se ha convertido en una auténtica atracción turística y en el paraíso terrenal para los amantes de la fotografía urbana y de naturaleza, ya que ofrece una experiencia ciertamente novedosa de unión entre ambas, pero en el sentido inverso al acostumbrado.

Normalmente, es el ser humano el que se apropia del espacio de manera ruda e intrusiva, alterando, ocupando, demoliendo, haciendo y deshaciendo a diestro y siniestro para adaptar el entorno a los intereses de sus explotadores. Sí, hemos desarrollado un campo de estudio dedicado a encontrar y rescatar pedacitos de nuestra historia, enterrada ahora y guardando los logros y los secretos de de civilizaciones pasadas. Sí, hemos podido comprobar la fiereza con la que la naturaleza es capaz, si se le antoja, de borrar de la faz de la existencia todo lo que el hombre se afana por construir, mimar y presumir. Pero pocas veces somos testigos de las primeras etapas de este proceso.

En el ejemplo de Houtouwan sólo hemos necesitado dos décadas para comprobar que no se pueden poner puertas al mar (o al bosque, o a la montaña) si no nos estamos partiendo los cuernos diariamente y en conjunto, de manera manifiestamente coordinada, en mantenerlas cerradas a cal y canto. Pero bueno, vean ustedes y disfruten. La belleza y la evocadora mística de las imágenes no necesitaba tanta presentación, para ser honestos.

JOHANNES EISELE/AFP/Getty Images
JOHANNES EISELE/AFP/Getty Images
JOHANNES EISELE/AFP/Getty Images
JOHANNES EISELE/AFP/Getty Images

Texto de Tarek Morales (all photo credits goes to JOHANNES EISELE/AFP/Getty Images)

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